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Ahora esta encerrada y ya no volverá a salir.

  Yo admiraba y envidiaba su independencia, la libertad con la que conducía su vida, una vida que nunca compartió con nadie, nunca se casó, iba a contracorriente. Para todo atípica, vivió el momento que le toco vivir, se deslizaba de puntillas por lo negativo y disfrutar de cada momento era su único objetivo. Absolutamente generosa, a veces viajera, siempre me traía regalos y me enviaba postales de sus escapadas.

 Sola en una sociedad repleta de actividades y gente y también acompañada siempre de distintos grupos de amigos que tenía como clasificados según el momento, el año, la temporada, las estaciones….llegar a su pensamiento era misión imposible, aunque durante muchos años no pensé en ello,

Desde que me adoptó, me animó a estudiar para tener una vida mejor, estaba  a mi lado, hacíamos viajes, salíamos juntas de compras, a comer, hablábamos de temas de trabajo, nuestra profesión también nos unió mucho. Siento que compartíamos muchas cosas como en habitaciones estancas en las que nada sabía una de la otra, esas relaciones en las que estas super cerca y a la vez a miles de kilómetros de distancia, todo y nada en común, como extraños que se besan,  se abrazan, tienen un vinculo que les une, un hilo irrompible e invisible a lo largo del tiempo, pero que a la vez no te sujeta, al menos no del todo.

Dice Murakami que puede ordenar su cabeza en compartimentos, guardar ideas en distintos espacios y luego buscarlas, escribirlas en sus libros intimistas, especiales, solitarios, con esos personajes que te enganchan y a la vez te desesperan. Yo intento buscar en mi cabeza y llegar a esos compartimentos, recordar lo mejor de ella, lo que me acercaba a disfrutar de su compañía.

Hoy he vuelto un ratito a su lado, todo lo que ahora nos rodea esta borroso y a la vez lleno de sonido, de palabras inconexas, de risas y de silencios. Ella me mira, me traspasa con la mirada, ahora yo la he adoptado, ahora que no me conoce, me sonríe desde ese mundo más allá del nuestro al que no puedo llegar.

Como os he contado, antes, cuando era como nosotros, cuando compartíamos el planeta, también estaba lejos, creo que en realidad como ahora, no emparentaba con el mundo y quizá también se sentía profundamente sola, eso no lo sé, pero lo intuyo, es como si ahora en esa mirada perdida, abandonada y triste quisiera decirme algo que yo no soy capaz de entender.

Cuando en un beso, siente mis labios en su piel, cierra los ojos y llena de ternura me dice “gracias”

En ese ratito a su lado  estamos rodeadas de personas absolutamente dependientes hombres y mujeres recluidos en un pequeño reducto del que ninguno puede salir, soportando el peso de las horas, los días, las semanas, despacio, entregados a su suerte y como ella,  viven fuera del tiempo, en alguna parte aunque no sabemos donde.

Ahora ya forman parte de mi cotidianidad, a pesar de lo cual, cada vez que los miro, se me encoje el corazón.

Pero estoy segura o quiero estarlo o quiero convencerme de que en el caso de Ella, cuando se sintió sin libertad, sin independencia, sin su autonomía, decidió desconectar, ese mundo ya no valía la pena vivirlo, no le daba nada interesante de lo que ella conocía, de lo que quería experimentar y vuelvo a admirar su osadía al rebelarse contra el paso del tiempo, desafiante a sus 95 años bajándose del trayecto.

 La vejez la había atrapado y robado su mayor tesoro, decidir sobre su vida, la había encerrado en un vacío profundo y entonces Ella, apago la luz.