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El comienzo de una historia, parte siempre de la nada. Se ha de esperar que partir de la nada no nos haga concluir en dramáticos planteamientos como a Groucho. Con uno basta

Quiero escribir escapando de mis pensamientos, huyendo de la idea de que se me reconozca en las palabras y cuanto mas deseo hacerlo mas de cerca me siguen me acorralan y me ahogan.

No quiero hablar de mi escondite, eso es lo único claro de esta historia, como escribe Oscar Wilde en Dorian Gray :

“He aprendido a amar el secreto, la cosa mas vulgar nos parece deliciosa si alguien nos la oculta. Es una costumbre tonta, lo confieso, pero en cierto modo parece aportar romanticismo a la vida de uno”

Romanticismo, que se rebela contra la Ilustración y pone por encima, como prioridad, a los sentimientos. En esa lucha de no dar pistas de ocultar un espacio de vida, de no contar las ideas que me rodean, de esconder ese espacio que me encanta, me refleja, rodeada de las cosas que me enganchan.

Pero cuanto mas quiero ocultarlo, mas quiero contarlo y más me sorprende porque me doy  cuenta de que ese mismo espacio lo he ido reconstruyendo casa tras casa en las que he vivido hasta ahora, este sitio en el que me recojo, escribo, leo , planeo trabajo, a la vez que pienso en  la compra, la cena que voy a preparar o la llamada a mi hijo que aun no he hecho, porque siempre me emociona que él me llame, que se acuerde de mi y yo desde aquí contarle mi día, mis proyectos , pero sobre todo escucharle y abrazarle desde la distancia.

También es aquí donde espero a los demás, a los míos, donde escucho como abren la puerta, me gritan para saber si estoy y me buscan… se acercan, cuentan conmigo, les importa y les interesa mi opinion, disfruto de sus confidencias y nuestra casa vuelve a la vida llena palabras en compañía.

A veces, por la noche ,después de una pesadilla, me levanto y voy a mi rincón, bajo las escaleras descalza, noto el frio del suelo y en la oscuridad me muevo despacio, intentando olvidar el miedo que me paralizó cuando recuerdo como por el pasillo una noche me choque con alguien que salió corriendo, me quede quieta y muda, el portazo fue tan fuerte que todos se despertaron y yo me escondí debajo de mi escritorio y no podían sacarme de allí.

Estoy dando pistas, sí, hay un escritorio, los libros que he ido trasladando de casa en casa, hasta nueve veces, la última  hace apenas un año, la luz que necesito como las plantas para avanzar y solo algunos recuerdos, creo que cada vez menos, porque el tiempo me ha enseñado a ir vaciando mi equipaje, sintiendo que la nostalgia es un error..así, también a veces, cuando estoy saturada de trabajo y demasiado cansada, imagino ser otra persona, en otra parte, en otra época, todo está abierto, la imaginación es infinita y sin salir, solo cerrando los ojos, me reseteo como el ordenador y vuelvo ya recuperada al que es, mi sitio.

 Todos los días, por la mañana, leo “memento mori” ,  otra pista, lo guardé porque me impresionó . Cuentan que a los romanos después de las batallas, cuando se creían héroes, los decían al oído -memento mori- el saber que en cualquier momento puedes morir me dice que nada de lo que me rodea es realmente importante, las cosas se van a quedar aquí y así mi espacio, del que quizá hayáis descubierto un poquito, a través de mis palabras, seguirá siendo mío en esta casa o en cualquier otra.