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Entré en la librería y sentí cómo me llamaba, había otros muchos libros, pero era ese libro el que reclamaba mi atención, mi interés…

No conocía al autor, pero fui directa a la caja, lo compré y me lo llevé a casa.

Me pregunto por qué nos ocurren esas cosas, por qué algo te atrapa y te engancha, por qué el sin sentido de las cosas tiene a su vez tanto sentido…

Mientras leía sus páginas, sin que antes lo hubiera notado, imaginaba al autor, le veía en el espacio donde escribía, elucubrando, dando vueltas, cambiando algunas palabras, queriendo esconderse detrás del protagonista, pensando que no tenía nada de él, que él no era tan tímido tan introvertido, tan fantasioso, porque él pertenecía a una profesión alejada del deseo, de la imaginación…

Una profesión, como investigué después, que hace cumplir las leyes, que escudriña el por qué la gente se pervierte, engaña, miente, una profesión rígida, establecida, convencional..también una profesión atractiva, donde la verdad y la mentira están en el filo de la navaja, donde todo puede ser así o al revés.

Pero no lograba entonces entender que el escritor de esas palabras, del libro que tenia en mis manos, el que me gustaba tanto, que derrochaba tanta dulzura, cariño y atención hacia sus personajes pudiera salir todos los días a la calle y mezclarse con sus colegas, como si nada, como si esa capa de autenticidad pudiera dejarla en casa, así, sin más…

El libro, ahora está cerca de otros libros que como ese me han dado a pensar, a divagar, a perderme en la lectura y sentir por un momento que deseaba encontrarme, quizá como el autor de mi querido libro lleno de frases que impulsan a seguir leyendo.. porque como dice el autor: Leer es conquistar, ganar terreno al vacío.