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Era para mí la noche más importante del año, no había nada igual, pero empecé a oír rumores en el colegio, sobre que no existían los Reyes Magos.

Somos sordos y ciegos cuando no queremos aceptar, cuando nos negamos a pensar, que nuestro mundo puede desaparecer, me sentía vulnerable  y  me preguntaba..¿tendrán razón? ¿será verdad?  Entonces decidí que lo mejor sería descubrirlo y demostrarles que estaban equivocados.

En mi casa era un día trascendental, desde después del verano empezábamos a elegir que pediríamos, que escribiríamos en la carta, si podríamos verles, si el vino dulce que les dejábamos se lo tomarían…todo era ilusionante, mis padres disfrutaban con ello, nos reíamos juntos sobre cosas que eran imposibles que nos pudieran traer, mis dos hermanos eran mas pequeños y cuando les veía tan convencidos,  pensaba que mis dudas solo podrían ser infundadas, eso me reconfortaba y me mantenía preparada para comprobarlo.

Aquel año, habíamos ido a entregar las cartas a sus Majestades, a merendar y ver un Madrid lleno de luces, de juguetes en los escaparates.  Una tarde extraordinaria, porque ese día, en particular éramos en casa aún más protagonistas, se volcaban con nosotros, por eso no podía pensar, ni un solo momento, que todos ellos estaban engañados.

Al llegar a casa, hicimos el ritual, marcamos nuestro espacio, les dejamos agua a los camellos y pedimos que amaneciera pronto, mas pronto que cualquier otro día.

Todo quedo en silencio, mi plan estaba en marcha, no había hablado con nadie de ello, me mantendría despierta y alerta.

No me moví, esperé pacientemente, sabía que vendrían.

 Yo compartía habitación con mi hermana, la puerta estaba siempre abierta y noté que esa noche estaba entornada, empecé a sentirme mal, pensé en olvidar el plan, no seguir, dormir, esconder mi cabeza en la almohada…pero entonces los vi, a mis padres, a los dos, llevando cajas de puntillas por el pasillo, con poquísima luz, pero eran ellos y lloré, lloré hasta que me dormí.

Muy pronto, a la mañana siguiente, mis hermanos estaban como locos, saltando encima de mi cama, han venido los Reyes,  despierta, corre…

A la vez desde su habitación mis padres sorprendidos, ¿que  pasa? ¿Han venido? Y como otros años inundamos su cama, les enseñamos los regalos, les abrazamos….. Pero, yo no podía mirarles, me sentía tan traicionada, tan decepcionada, tan triste…

Mi padre se levantó y me pidió que le acompañara, fui tras él, muy seria, estaba enfadada, empezó a preparar el desayuno, se volvió, me abrazo y me dijo al oído : ¡Felicidades! porque a partir de hoy eres un  Rey Mago y ya siempre tendrás en tu mano la suerte de  conmover, alegrar y hacer felices a las personas que más quieres, dándoles toda esa ilusión que tú has disfrutado tan intensamente.

Convertirme en Rey Mago, ha sido una de las emociones mas importantes de mi vida, cada noche del 5 de enero, en silencio, me reúno con todas las personas a las que he querido, a las que quiero, aunque ya no estén cerca de mí, además he tenido el privilegio de nombrar a dos nuevos Reyes de Oriente, de brindar con ellos por la noche con ese vino dulce y esperar a que amanezca para juntos abrir los regalos.

Tener en las manos lo que han buscado y pensado especialmente para mí, sentir que durante el tiempo de esa búsqueda he estado en su mente, he formado parte de sus emociones de su ilusión y que han imaginado la sorpresa que sentiría al abrirlo de la misma manera que yo he hecho con ellos, es una comunicación, un lenguaje que nos acerca aún mas cada año, que nos hace cómplices, nos une y crea un vínculo muy especial entre nosotros.

La magia de los Reyes Magos existe y todos tenemos un trocito, si alguien no lo ha encontrado, solo tiene que seguir buscando.