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Sicilia viene del latín y significa “ Isla que patea la bota de Italia”…se rebela por la cercanía a la península y su indiferencia. Cuando llegué no lo sabía, ahora sí.

Acabo de volver de esa isla que ha removido mi conciencia, me ha enamorado su luz, su delicado sonido al borde del mar y la sorpresa de recorrerla con amigos y desconocidos….esto es lo que más me ha emocionado.

Llegue a Sicilia con el vértigo de compartir el tiempo y el espacio, compartir las visitas a extraordinarios monumentos, obras de arte ancladas en el tiempo y que me hicieron dudar, y mucho, sobre si la mano de Dios se fue detrás de todas las culturas, pueblos y civilizaciones que han pasado por aquí y dejaron este pequeño trozo de tierra a su suerte.

He visto iglesias en penumbra, sin devoción, invadidas de teléfonos móviles que captaban imágenes que sus dueños no podían ver…imágenes cubiertas de polvo de siglos, deseosas de atención, recogimiento y calor.

 Visitado ruinas al atardecer, paseando, charlando, rodeada de templos , buscando yo también, la imagen fija que me deje añorar la isla cuando ya esté lejos.

Los días empezaban con un desayuno multitudinario, con muchísimos “ buenos días”…a cada paso, en la cola del café, del dulce, de la tostadora…. con la ilusión de tener otro día, disfrutarlo  entero, solo para nosotros, con una sensación de complicidad, con personas dispuestas a devorar cada minuto del tiempo que teníamos por delante.

Palermo, Agrigento, Noto, Siracusa, Catania, Taormina, el volcán Etna y Cefalu…El paseo en barco de Ortigia, cantando a voz en grito “ O sole mío” con un patrón “Super-Italiano” que nos invitó a brindar con Prosecco y al que llegamos a emocionar cuando al despedirnos, juntos , le cantamos, nuestro “ Adiós con el corazón que con el alma no puedo”

Esta es una reflexión, palabras de agradecimiento a las personas que me han rodeado en este viaje, recordando las risas de las comidas,  la pasta repleta de queso, el choque de copas  con Aperol, el deambular por la calle,” fotearnos” nosotras y ellos olvidando de forma absoluta el tiempo que se  esconde en nuestros huesos,  pensar que nos quedan aún 10 vidas,  comer gelato, aún mejor, “ Brioche rebosante de gelato”,  notar el cariño ,  sentir cómo Elda , sentada a mi lado en el avión de vuelta, me dio la mano fuerte en el despegue, cerró los ojos y me dijo… ahora estoy tranquila …Me emocionó, me desarmó y sentí que me llevaba una pizca de la magia de Sicilia.