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La primera vez que fue con el colegio a un campamento de verano, ambos estábamos nerviosos. Yo quería parecer despreocupada, pero en realidad estaba más agobiada que él.

Preparamos su mochila minuciosamente, aún era un niño pequeño, así que, escuchaba con atención todo lo que le decía, me miraba como a alguien imprescindible en su vida. Esa, es una de las sensaciones más extraordinarias que he tenido nunca, su confianza absoluta, su amor incondicional, la mirada trasparente de alguien a quien quieres por encima de todo y que también lo eres todo para él.

Pasaron los días si saber, sin verle, sin abrazarle, la idea del campamento y del colegio era llevarles lejos de sus familias, de su rutina, sin comunicación. Aún hoy me pregunto si ambos desconectamos por igual.

Seguí con mi vida, pero notaba la casa vacía, una sensación en la que hasta hacía pocos años ni siquiera había pensado, pero ahora él lo llenaba todo a mi alrededor.

Le recogí en el autobús tres semanas después, estaba super emocionado, hablaba sin parar, la aventura había sido tan fantástica que solo pensaba en volver allí, en irse otra vez…de pronto abrió su mochila y me dio una cajita pequeña, tenia grabado el nombre del pueblo de al lado del campamento-Vinuesa- entonces me dijo:

Es un regalo para ti, es para guardar un SECRETO..¿un secreto le pregunte?, si porque nos han dicho que los secretos no se pueden contar a los demás, por eso yo he pensado que lo mejor es guardarlos en una caja.

Desde entonces la caja esconde un Secreto, siempre está cerca de mis cosas, de mis libros. A veces he guardado un secreto doloroso y al cabo del tiempo cuando noto el daño, abro la caja y dejo que se vaya, lo más lejos posible.

Pero normalmente guardo un secreto que me emociona y sé que está a buen recaudo, que nadie va a poder cogerlo, ni verlo, ni tocarlo, porque es sólo mío.

Justo al lado, en la mesa en la que a veces trabajo en casa o leo o escribo o navego por internet o hablo por teléfono, tengo otra caja hecha para mí, con mi nombre. La hizo mi padre, me la regalo hace muchos, demasiados años.

Al principio de tenerla se quedó en mi casa, la de mis padres.

 Luego cuando me fui, cuando me independicé, decidí dejarla allí, con otros miles de cosas mías que no necesitaba. Solo pensaba entonces en la libertad de empezar una nueva vida, vivir a mi aire. Tenía cantidad de proyectos en mi cabeza, también mucho trabajo, muchas cosas que sacar adelante, muy poco tiempo libre y no contaba con el equipaje de mi vida anterior, que ya no consideraba casi mía.

Pero un día mi padre me dejó, ya no iba a volver, le vi sufrir todo lo que se puede sufrir en un hospital durante dos meses y una madrugada se fue.

Desde entonces le recuerdo cada día, por montones de cosas que me pasan, recuerdo todo lo que me apoyó, lo que me enseñó, lo que me abrazó…lo que me quería, lo recuerdo todo.

Así que, lo primero que hice fue volver a la que había sido mi casa, recuperar toda mi vida a su lado, la que, sin pensar, había abandonado, rescatar mi caja con mi nombre para tenerla siempre cerca de mí, es como sentirle, como si siguiera ayudándome.

 Es una caja que hizo con sus manos y que solo tiene las cosas que realmente importan.