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Aquel día, seis de septiembre de 2010, celebraba los primeros 20 años del estudio de arquitectura  pensado solo para reformas de determinado tipo de viviendas, en las que primaba  la zona de la ciudad, las arquitectura exterior y el perfil de cliente , con altas expectativas de habitabilidad ,comodidad, y vanguardia.

 El objetivo era el diseño, unido e inseparable de la tecnología en todas sus formas.

Disfrutaba con cada proyecto nuevo, me daba la oportunidad de conocer a personas a través de sus casas, con ello he comprobado que damos muchas pistas de cómo somos, solo con ver de qué nos rodeamos.

 Mi función era el transformar todos los espacios, pero en la cocina, en especial, disfrutaba planeando hasta el más mínimo detalle, para hacerla deseable, que fuera siempre el punto de reunión, adaptando electrodomésticos de última generación, que además de bellos en su exterior fueran prácticos , funcionales y eficaces, por eso, siempre recomendaba Smeg, firma italiana que sabe enamorar.

Estuve saturada con el trabajo y la preparación del evento, pensé en cada cosa minuciosamente, preparamos un porfolio con fotos y videos de algunas de las casas en la que habíamos participado dejando nuestra impronta.

 Además, teníamos buen posicionamiento en redes sociales, lo que nos daba la oportunidad de ser visibles, entablar relaciones y estar en alza.

 En conclusión, me sentía absolutamente envuelta en la sensación de haber hecho realidad muchas de las cosas que pensé al comenzar.

Inmersa en este lio, me llamo Patricia. Ella era mayor que yo, casi 10 años, fue mi primera clienta y desde entonces mi mejor amiga.

 Nos conocimos en la reunión que una vez al mes hacia Mingorance, un pintor malagueño de un estilo muy singular, es decir, incluso yo que no soy experta, al ver uno de sus cuadros sabría que era suyo. A Patricia y a mi nos sentaron juntas, había personas en puestos muy relevantes del mundo de las letras y las artes y por una casualidad de la vida yo estaba allí.

Congeniamos desde el primer momento, le comenté que estaba abriendo un estudio y tenía pequeños proyectos, ella me animo a enfocarlo como lo hice y me dio muchos contactos.

 Fue en su casa, un chalet en El Viso , en   Madrid, donde empezamos, le gustaron todas mis ideas, me animaba, me jaleaba y yo me dejaba querer.Ella vivía sola, independiente, con muchísimos amigos , planes y una familia muy lejana con la que apenas tenia contacto.

Se dedicaba al mundo de las finanzas, con un criterio y olfato incomparable y muchas propiedades, algunas de las cuales, juntas fuimos transformando.

Alta y de piel clara, con ojos marrones un poco rasgados, vestía siempre de colores claros, y destilaba una sensación de paz que yo siempre envidié, a su lado me sentía segura, éramos confidentes.

Aquel día, seis de septiembre, fue un éxito.

 Cuando las cosas son así, haces mil planes de futuro, aun desconociendo el futuro.

Me felicitaban, me besaban..Patricia se acercó y me abrazó con mucho cariño, me dijo que estaría fuera de España, tenía varios viajes y que no nos veríamos durante algún tiempo.

No lo tuve en cuenta, estaba demasiado nerviosa, mirándome a mí misma.

Dos días después, me llamó un despacho de abogados, insistieron concertar una reunión lo antes posible y así fue.

Al día siguiente, me comunicaron que había recibido una donación de varias propiedades, acciones y dinero que ascendía aproximadamente a 25 millones de euros.

 Algunas de esas casas sabía que eran de Patricia y otras no las conocía, pero solo podría ser ella.

 Me sentí noqueada, no entendía, era absurdo.

No le dije nada a nadie, no sabia como afrontar la situación…

 Todas mis preocupaciones se trasladaron en mi cabeza….

Todos mis esfuerzos para sacar adelante mi trabajo, no tenían ya ninguna importancia…

 Me había dejado huérfana de necesidades….

Y es con eso, con la falta de necesidades con lo que estoy aprendiendo a continuar.