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Compartíamos ese tiempo y ese camino. Desde el principio pensé que había sido el destino el que me había arrastrado hasta allí, hasta donde no debería estar. Mi vida estaba perdida, abandonada, desorientada esperando un lugar ,una mano a la que agarrarme que me eligiera a mí, que yo fuera la elegida, que me hiciera sentir todas las emociones , digo todas, quería acapararlas todas. Estaba sola, muy sola, profundamente sola, es por decisión propia , me decía, pero las mentiras se vuelven contra nosotros, se levantan como fantasmas y cuando estás frente a un espejo, te borra la imagen. Si mientes, si te mientes, no existes, tienes que buscarte de nuevo y encontrarte, que es justo lo contrario de lo que quieres.

Compartíamos ese camino. Él tampoco debería estar allí, eso lo supe después, lo supe cuando empezamos a compartir nuestro destino. Al principio estaba muerta de miedo, inseguridad, timidez… ¿Por qué? … Yo nunca había sido tímida, pero me intimidaba o sentía pavor a sentirme atrapada por él, por sus palabras, sus gestos, sus pasos a mi lado. Empecé a quererle sin querer y sobre todo quería que me quisiera, por encima de cualquier otra cosa.  En los silencios de los paseos pensaba si sentiría el deseo que yo sentía, si desearía como yo rozarle por un momento, sólo rozar su brazo, imaginaba cómo sería que me rodeara, que me abrazara. No llegaba a imaginar un beso, largo ,intenso, dulce… porque quizá, si llegáramos ahí ,se rompería el hechizo y nuestra piel dejaría de expresarse como hace ahora o quizá no…Descubrirlo era el riesgo que no quería asumir,  en el que no podía pensar. ¿  Cómo podía pensar en perderle si aún no sabía si lo había encontrado…? Mi mente me traiciona, va mucho más deprisa que yo, se adelanta al tiempo, al espacio, flota, se escapa..

Compartíamos ese tiempo. Durante mucho tiempo, ese tiempo que me obsesionaba porque yo acumulaba en mis huesos más tiempo que él.  Me verá mayor, pensaba, me verá como no quiero que él me vea, si pudiera verme como yo le veo a él, si pudiera zarandearle y empaparme de su generosidad, de su dulzura ..Estoy atada a él, y ahora sé que él también está atado a mí. Lo he visto en su mirada, le he descubierto, nos hemos encontrado en una complicidad infinita, quizá  no era nuestro destino, pero nos sabemos envueltos uno en el otro. No nos podemos rebelar, estamos predestinados , y no nos separaremos .

Compartíamos ese tiempo y ese camino, caminando sin palabras, ahora de la mano, con el fuerte deseo de no llegar a ninguna parte, de seguir acariciándonos en el ahora fuera de lo cotidiano, de lo que viven los otros, los que no han encontrado lo que hemos encontrado nosotros, para lo que no existen las palabras, ni siquiera nuestras palabras.  Estamos sujetos, pegados sin nada que nos una, traspasados de deseo de llegar a mezclarnos y a la vez ser lo que somos. No estamos locos, pero si esa sensación es la locura, no me saquéis nunca de ella.